El hombre es ‘artesano de sí mismo’: homo faber sui ipsiuis. No sólo hace cosas, sino que “se hace” a sí mismo. Con entera –aunque no exclusiva– responsabilidad en esta tarea ineludible. Y este hacerse se convierte en empresa in-interrumpida, en quehacer permanente e irrenunciable. El hombre tiene, por eso, el derecho y el deber –la gloria y la pesadumbre– de irse haciendo y realizando.
Volver al incio
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario