Creer que el hombre sólo es libre si “crea o inventa” los valores –a los que ha de ligar su vida– es un error de tremendas consecuencias.
Y este error está en las bases de la apresurada concepción del hombre contemporáneo.
Este hombre que sólo sabe de acción y creatividad.
Y poco, muy poco de receptividad y aceptación.
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