miércoles, 25 de marzo de 2009

Cartas filosóficas – de Platón a Derrida. José Gonzalez Rios

Pero me parece que la diferencia entre las almas más grandes y las que son bajas y vulgares, consiste principalmente en que éstas se dejan llevar por las pasiones y no son dichosas o desgraciadas sino según que las cosas que les suceden sean agradables o desagradables; mientras que aquellas otras tienen razonamientos tan fuertes y poderosos que, a pesar de tener también pasiones, a menudo más violentas que las del vulgo, su razón sigue siempre dominando y hace que hasta las aflicciones sirvan y contribuyan a la perfecta felicidad de la cual gozan en esta vida. Pues por una parte, ellas se consideran inmortales y capaces de recibir alegrías muy grandes; luego, por otra parte, consideran que están unidas a cuerpos mortales y frágiles, expuestos a muchos achaques, y que perecerán infaliblemente dentro de pocos años; no dejan de hacer todo lo que está en su poder para que la Fortuna les sea favorable en esta vida, pero sin embargo, la estiman tan poco en comparación con la eternidad, que casi miran sus acontecimientos como los de las comedias.


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