miércoles, 1 de julio de 2009

Falacias argentinas. Manuela Fingueret

El artista, testigo de su tiempo, observa, imagina, anticipa. Esta mirada lo determina como un sospechoso sobre el que recae el resentimiento de una sociedad que hace esfuerzos para tolerarlo.
Como un denunciante inestable, merece la indiferencia, la marginación o el aislamiento como castigo de su transgresión.
Desde Miguel Ángel hasta Van Goch, desde Rimbaud hasta Novalis, esta estructura se potencia a través de mecanismos sutiles que permiten una ambivalencia oficializada respecto de la cultura.

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