lunes, 4 de abril de 2011

El cisne negro. Nassim Taleb

Antes del descubrimiento de Australia, los habitantes del Viejo Mundo estaban convencidos de que todos los cisnes eran blancos, una creencia incuestionable, aparentemente ratificada por la evidencia empírica. La observación del primer cisne negro debe de haber sorprendido a unos cuantos ornitólogos, pero no es allí donde radica la importancia de esta historia. Ilustra la gran limitación de nuestro aprendizaje, basado en observaciones y en la experiencia, y la fragilidad de nuestro conocimiento. Un solo vistazo puede invalidar una conclusión general, derivada de miles de años de instancias confirmatorias de millones de cisnes blancos.

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