martes, 13 de marzo de 2012

Vivir en Cristo. Severino María Alonso

Sólo el hombre, entre todos los seres del universo, tiene la formidable capacidad de hacerse; y, al mismo tiempo, la dolorosa posibilidad de deshacerse.

Y es que el hombre, “no es nunca seguramente hombre”, porque está siempre a punto de no serlo. Por eso, es viviente problema, azarosa aventura, es decir, un verdadero drama. “Sólo hay drama cuando no se sabe lo que va a pasar, sino que cada instante es puro peligro, y trémulo riesgo”.

El hombre está siempre en peligro de no ser él mismo, o de dejar de ser el que es, de traicionar su propia identidad personal. Sin embargo, como acabamos de decir, la aspiración radical de todo hombre es la ‘autorrealización’: dar cumplimiento a esa incitante profecía que cada uno es para sí mismo, y que responde a sus más íntimos anhelos. “Mientras que el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse… La condición del hombre es, pues, incertidumbre sustancial…. El destino del hombre depende de que en el fondo de nuestro ser mantengamos siempre vivaz esta dramática conciencia y, como un contrapunto murmurante en nuestras entrañas, sintamos bien que sólo no es segura la inseguridad”.

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