miércoles, 15 de octubre de 2008

Crónicas del Ángel Gris. Alejandro Dolina

Sin embargo, como observa Rafael Llopis, los mitos regresan del brazo de arte romántico. Pero ya no como puras creencias que eran antes, sino como estética.

Aun negados por la razón, los fantasmas se resisten a morir. Pero deben ahora abandonar sus pretensiones de verdad y se ven obligados a expresarse en un plano artístico, donde reconocen de antemano su condición fantástica. Así, el sentimiento, negado como creencia por la razón, niega a su vez la razón.

Pero ya siendo arte, convertido en el eco de algo que ya no es, el mito pierde fuerza y se va agotando...

De este modo el artista cree redondamente en sus engendros o al menos –como pedía Coleridge– suspende su incredulidad.


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