viernes, 17 de octubre de 2008

Realidades del alma. Carl Gustav Jung

La persecución de un objeto no termina al llegar a la madurez y la cima de la vida biológica, que coincide más o menos con la mitad de la vida. Con la misma intensidad y vigor con que se efectuó el ascenso en la primera mitad de la vida se produce luego el descenso, pues la meta no se halla en la cima sino en el valle donde se inició la ascensión. La vida es como la parábola de una bala impulsada desde su inicial posición de descanso: la bala sube retornando luego al reposo.

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