La sociedad, por tanto, después de la familia es un factor muy poderoso para propiciar que la ira se presente en un sujeto.
La sociedad delinea el tipo de personas que asume como valiosas. Nos dice cómo deben vestirse esas personas. Qué deben hacer. Priorizan los hábitos destructivos como tomar, fumar, ser anoréxico y comprador compulsivo. Tener una mansión, un carro deportivo, un novio fuerte, alto y vigoroso o una novia delgada, rubia y muy rica. Si tú quieres entonces tener “clase mediática”, tendrás que vestir lo que el consumismo te invita diariamente y cada segundo a realizar. Y cuando escribo vestir, abarco todo lo que esto conlleva, desde la actitud hasta el calzado.
La sociedad te dice de qué manera hablar. Qué idioma aprender, qué sitios visitar, a dónde se debe vacacionar. Qué universidad tienes que cursar y hasta la especialidad o el posgrado que te asegurará el “triunfo”. Y si el sujeto, con una carencia de auto-valor marcada, acepta como “dogma” lo que el consumismo mediático proyecta, se frustra si no lo alcanza. Y esa frustración al cabo del tiempo deriva en ira. Y esta ira se exacerba en la medida en que el tiempo transcurre y no logra obtener lo que la mayoría alcanza.
Esta ira la refleja primero para consigo mismo y posteriormente para su entorno primario. Este lo representa su pareja, sus hijos o sus compañeros de trabajo. Y en el peor de los casos todos. Normalmente quien recibe la descarga de ira del sujeto es al que considera más próximo. La ira siempre se descarga con quien más amor muestra a la persona. Con el sujeto al que sentimos más afín. Con quien podría ser nuestro espejo.
El espejo de nosotros es la persona a la que admiramos, pero también a la que vemos con muchos defectos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario