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viernes, 23 de enero de 2015

Filosofía para bufones. Pedro González Calero

Sócrates fue condenado a muerte acusado de introducir nuevos dioses en la ciudad y de corromper a los jóvenes, cargos injustos tras los que se ocultaba el odio que le tenían algunos hombres influyentes de Atenas.

Aunque sus discípulos habían preparado un plan para su fuga, sobornando a los carceleros, Sócrates se negó a huir, aduciendo que debía respetar las leyes de su ciudad. El día previsto para su muerte, todos sus familiares y amigos estaban desconsolados, y el propio condenado a muerte tuvo que ser el que se encargara de darles ánimos. Pero tampoco en aquel difícil trance perdió Sócrates la oportunidad de ironizar: como Jantipa su mujer, lloraba y no paraba de lamentar que lo fueran a matar injustamente, Sócrates le preguntó: ¿Es que acaso preferirías que me mataran con justicia?

martes, 21 de junio de 2011

Seis preguntas de Sócrates. Christopher Phillips

Cuando Sócrates apareció en el escenario de la antigua Atenas, ésta vivía ya su irreversible decadencia. Hasta entonces, los atenienses habían estado demasiado concentrados en vivir una vida excelente para pararse a interrogarse sobre ello. Parece que, a lo largo de la historia, las personas empiezan a plantearse y analizar en serio las cuestiones morales sólo cuando han caído en la cuenta de que su sociedad ha perdido, quizá de forma irreversible, su rumbo moral y está muy lejos de la excelencia.

En la edad de oro de Grecia, los atenienses habían alcanzado cierta libertad colectiva, una libertad que según Rex Warner "se veía reforzada por la autodisciplina y el patriotismo y no limitada por ellos". Cuando esa edad de oro desapareció, y un desenfrenado individualismo ocupó su lugar, la "libertad elegida y disciplinada de los atenienses [...] atravesó un proceso de indisciplina y de búsqueda del propio nterés, una falta de confianza, de presencia de ánimo [...]" y sucumbió al "desastre".