He aquí por qué se estancan tantas personas en la edad madura. Miran hacia atrás, se aferran al pasado, alimentando en su alma un secreto de miedo a la muerte. Se sustraen, aunque sólo sea psicológicamente, al proceso de la vida y, por lo mismo, quedan como columnas de sal en el recuerdo, y si bien evocan vivamente su juventud, no logran establecer contacto con el presente.
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