No es necesario que seamos los autores de una melodía para participar del arte y disfrutar de ella. Hay otras formas igualmente genuinas: escucharla, recibirla, ejecutarla...
Tampoco es necesario ser el creador de los valores para vivirlos con libertad.
Será, sí, genuinamente necesario, y suficiente, el hecho de elegirlos tras haberlos descubierto... con su reclamo de aceptación.
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