Usted quiere morir, cobarde; pero no vivir. Al diablo, si precisamente lo que tiene usted que hacer es vivir. Merecería usted ser condenado a la pena más grave de todas.
-¡Oh! ¿Y qué pena sería esa?
-Podríamos, por ejemplo, hacer revivir a la muchacha y casar a usted con ella.
-No; a eso no estaría dispuesto. Habría una desgracia.
-Como si no fuese ya bastante desgracia todo lo que ha hecho usted. Pero con lo patético y con los asesinatos hay que acabar ya. Sea usted razonable por una vez. Usted ha de acostumbrarse a la vida y ha de aprender a reír.
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