Mostrando entradas con la etiqueta Hesse. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hesse. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de julio de 2017

My Belief: Essays on Life and Art. Hermann Hesse

With all peoples the word and writing are holy and magical; naming and writing were originally magical operations, magical conquests of nature through the spirit, and everywhere the gift of writing was thought to be of divine origin. With most peoples, writing and reading were secret and holy arts reserved for the priesthood alone.

[…]

Today all this is apparently completely changed. Today, so it seems, the world of writing and of the intellect is open to everyone… Today, so it seems, being able to read and write is little more than being able to breathe… Writing and the book have apparently been divested of every special dignity, every enchantment, every magic… From a liberal, democratic point of view, this is progress and is accepted as a matter of course; from other points of view, however, it is a devaluation and vulgarization of the spirit.

sábado, 7 de enero de 2017

My Belief: Essays on Life and Art. Hermann Hesse

Entre los muchos mundos que el hombre no ha recibido como regalo de la naturaleza, sino mas bien de los que ha creado desde sí mismo, el mundo de los libros es el más grandioso... Sin la palabra, sin los libros, no hay historia, no habría concepto de humanidad. Y si alguien quisiera tratar de acomodar en un espacio pequeño, en una casa o en una habitación, la historia del espíritu humano y hacerlo suyo, sólo podría hacerlo en la forma de una colección de libros.


lunes, 21 de noviembre de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

Fuimos al comedor, y en tanto que yo me esforzaba por decir una y otra vez, o por preguntar cosas indiferentes, iba comiendo más de lo que tenía por costumbre y me sentía más deplorable por momentos. ¡Dios mío! -pensaba-. ¿Por qué nos atormentamos de este modo? Me daba cuenta perfectamente de que mis anfitriones tampoco se sentían bien y de que su animación les costaba trabajo, ya porque yo produjera un efecto tan deplorable, ya porque hubiera acaso algún disgusto en la casa. Me preguntaron una multitud de cosas, a las cuales no se podía dar una respuesta sincera; pronto me hallé envuelto en una porción de verdaderos embustes y a cada palabra tenía que luchar con una sensación de asco. ... no lograba encontrar el tono, mis incursiones por el campo del humorismo producían un efecto desconcertante, cada vez nos íbamos apartando más; dentro de mí el lobo estepario se reía a mandíbula batiente...

lunes, 24 de octubre de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

¿Dónde vive en esta ciudad, dónde vive en este mundo la persona cuya muerte me representara a mí una pérdida? ¿Y dónde la persona a la cual mi muerte pudiera significar algo?

sábado, 27 de agosto de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

Sólo el humorismo, el magnífico invento de los detenidos en su llamamiento hacia lo más grande, de los casi trágicos, de los infelices de la máxima capacidad, sólo el humorismo... lleva a cabo este imposible, cubre y combina todos los círculos de la naturaleza humana con las irradiaciones de sus prismas. Vivir en el mundo, como si no fuera el mundo, respetar la ley y al propio tiempo estar por encima de ella, poseer, «como si no se poseyera», renunciar, como si no se tratara de una renunciación ...

Y... el lobo estepario, a quien no faltan facultades y disposición para ello, lograra en el laberinto de su infierno acabar de cocer y de transpirar esta bebida mágica, entonces estaría salvado... Ciertamente que de este modo él se quedaría para siempre dentro de lo burgués, pero sus tormentos serían llevaderos y fructíferos. Su relación con la burguesía, en amor y en odio, perdería la sentimentalidad, y su ligadura a este mundo cesaría de martirizarlo constantemente como una vergüenza.

martes, 26 de julio de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

...la fuerza vital de la burguesía no descansa en modo alguno sobre las cualidades de sus miembros normales, sino sobre las de los extraordinariamente numerosos outsiders que puede contener aquélla gracias a lo desdibujado y a la elasticidad de sus ideales. Viven siempre dentro de la burguesía una gran cantidad de temperamentos vigorosos y fieros. Nuestro lobo estepario...

...acampan en torno de la masa burguesa, verdadera y auténtica... muchos millares de vidas y de inteligencias, cada una de las cuales, aunque se sale del marco de la burguesía.., es, sin embargo, atraída por sentimientos infantiles hacia las formas burguesas y... se aferra de cierta manera a la burguesía, quedando de algún modo sujeta, sometida y obligada a ella. Pues a ésta le cuadra, a la inversa, el principio de los poderosos: «Quien no está contra mí, está conmigo.»

La inmensa mayoría de los intelectuales, la mayor parte de los artistas pertenecen a este tipo. Únicamente los más vigorosos de ellos traspasan la atmósfera de la tierra burguesa y llegan al cosmos, todos los demás se resignan o transigen, desprecian la burguesía y pertenecen a ella sin embargo, la robustecen y glorifican...

[...]

Los pocos que consiguen desgarrarse con violencia, logran lo absoluto y sucumben de manera admirable; son los trágicos, su número es reducido.

Pero a los otros, a los que permanecen sometidos, cuyos talentos son con frecuencia objeto de grandes honores por parte de la burguesía, a éstos les está abierto... un mundo imaginario, pero soberano: estos mártires perpetuos, a los cuales les es negada la potencia necesaria para lo trágico... que se sienten llamados hacia lo absoluto y, sin embargo, no pueden vivir en él: a ellos se les ofrece... la salida acomodaticia al humorismo... siempre un poco burgués, aun cuando el verdadero burgués es incapaz de comprenderlo.

domingo, 26 de junio de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

Lo burgués no es otra cosa... que el afán de un término medio de avenencia entre los diversos extremos y dilemas contrapuestos de la humana conducta...

[...]

El hombre tiene la facultad de entregarse por entero a lo espiritual, al intento de aproximación a lo divino, al ideal de los santos. Tiene también, por el contrario, la facultad de entregarse por completo a la vida del instinto, a los apetitos sensuales y de dirigir todo su afán a la obtención de placeres del momento. ...el burgués trata de vivir en un término medio confortable entre ambas sendas. ...
su ideal no es sacrificio, sino conservación del yo,.. En resumen, trata de colocarse en el centro, entre los extremos, en una zona templada y agradable, sin violentas tempestades ni tormentas, y esto lo consigue, desde luego, aun a costa de aquella intensidad de vida y de sensaciones que proporciona una existencia enfocada hacia lo incondicional y extremo. Intensivamente no se puede vivir más que a costa del yo. A costa de la intensidad, alcanza seguridad y conservación; ...en vez de libertad, comodidad; en lugar de placer, bienestar; ... es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso, ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación


domingo, 20 de diciembre de 2015

Siddharta. Hermann Hesse

-Aunque soy viejo -repuso Govinda-, no he dejado de buscar. Jamás dejaré de hacerlo: ése parece ser mi destino. Y creo que tú también has buscado. ¿Quieres darme un consejo, venerable?

Siddharta declaró -¿Qué podría decirte, venerable? Quizá que has buscado demasiado. Que de tanto buscar, notienes ocasión para encontrar.

-¿Cómo es eso? -preguntó Govinda.

-Cuando alguien busca -continuó Siddharta-, fácilmente puede ocurrir que su ojo sólo se fije en lo que busca; pero como no lo halla, tampoco deja entrar en su ser otra cosa, ya que únicamente piensa en lo que busca, tiene un fin y está obsesionado con esa meta. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no necesitar ningún fin. Tú, venerable, quizás eres realmente uno que busca, pues persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El lobo estepario. Hermann Hesse

A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la broma. La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiper-valoración del tiempo. También yo estimé demasiado en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es un instante, lo suficiente largo para una broma.

martes, 21 de octubre de 2014

Siddhartha. Hermann Hesse

-¿También has aprendido tú -le preguntó una vez-, has aprendido del río el secreto de que no existe el tiempo?

El rostro de Vasudeva se iluminó con una radiante sonrisa.

-Sí, Siddharta -contestó-. ¿Quieres decir esto: que el río está en todas partes a la vez? ¿ En su fuente y en la desembocadura, en la cascada, en la balsa, en la catarata, en el mar, en la montaña, en todas partes a la vez? ¿Y que para él sólo existe el presente y desconoce la sombra del futuro?

-Eso es -repuso Siddharta-. Y cuando lo conocí, descubrí mi vida, que también era un niño, y el niño Siddharta, el hombre Siddharta, el viejo Siddharta sólo estaban separados por sombras, por nada real. Y tampoco los nacimientos anteriores de Siddharta eran pasado, ni su muerte y su renacimiento al Brahma han sido futuro. Nada fue, ni será; todo es, todo tiene esencia y presente.

Siddharta hablaba encantado: la inspiración le había producido una profunda felicidad. Mas, ¿no era tiempo todo el sufrimiento? ¿No era todo él temor y tortura, el tiempo? ¿No se superaba y alejaba todo lo difícil y hostil en el mundo, si se superaba el tiempo, si se lo anulaba?

martes, 16 de septiembre de 2014

El lobo estepario. Hermann Hesse

Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tiene su propio carácter, su propia debilidad y su fuerza, belleza y fealdad, acepta ciertos padecimientos como algo natural, aguanta pacientemente ciertos males. La vida humana se reduce a un sufrimiento real, al infierno, sólo cuando dos épocas, dos culturas y religiones se superponen ... Ahora bien, hay momentos en los que toda una generación se ve atrapada de esta manera entre dos edades, dos modos de vida, con la consecuencia de que se pierde todo el poder a entenderse a sí misma y no tiene ningún estándar, ni seguridad...


Cita de la Introducción del libro

miércoles, 13 de agosto de 2014

El lobo estepario. Hermann Hesse

Aquí debe decirse que es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan realmente. Entre éstas hay, sin embargo, muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidismo. Entre los hombres sin personalidad, sin sello marcado, sin fuerte destino, entre los hombres adocenados y de rebaño hay muchos que perecen por suicidio, sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas, en tanto que, por otra parte, de aquellos que por su naturaleza deben contarse entre los suicidas, muchos, quizá la mayoría, no ponen nunca mano sobre sí en la realidad. El «suicida» -y Harry era uno- no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte; esto puede darse también sin ser suicida.

Pero es peculiar del suicida sentir su yo, lo mismo da con razón que sin ella, como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, que se considera siempre muy expuesto y en peligro, como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca, donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para precipitarlo en el vacío. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de ninguna manera una fuerza vital especialmente debilitada; por el contrario, entre los «suicidas» se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas, que llamamos «suicidas», y que son siempre muy delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse intensamente a la idea del suicidio.

miércoles, 30 de julio de 2014

El lobo estepario. Hermann Hesse

Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él.
...
En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo que les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy íntimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo, pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia.
...
...en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida.

domingo, 9 de febrero de 2014

Siddhartha, Hermann Hesse

¿Alguna vez un samana o un brahmán ha temido que alguien le pudiera robar su sabiduría, su devoción o su profundidad de pensamiento? No, pues es suyo, y sólo da lo que quiere dar y a quien quiere. Lo mismo, exactamente, pasa con Kamala y las alegrías del amor.

La boca de Kamala es bonita y encarnada, pero intenta besarla contra la voluntad de Kamala, y no disfrutarás ni una sola gota de la dulzura que sabe dar. Tú tienes facilidad para aprender, Siddharta, pues aprende también esto: el amor se puede suplicar, comprar, recibir como obsequio, encontrar en la calle, ¡pero no se puede robar! El camino que te has imaginado es erróneo.

Sería una lástima que un joven tan agraciado como tú, empezara tan mal.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El lobo estepario. Hermann Hesse

Usted quiere morir, cobarde; pero no vivir. Al diablo, si precisamente lo que tiene usted que hacer es vivir. Merecería usted ser condenado a la pena más grave de todas.

-¡Oh! ¿Y qué pena sería esa?

-Podríamos, por ejemplo, hacer revivir a la muchacha y casar a usted con ella.

-No; a eso no estaría dispuesto. Habría una desgracia.

-Como si no fuese ya bastante desgracia todo lo que ha hecho usted. Pero con lo patético y con los asesinatos hay que acabar ya. Sea usted razonable por una vez. Usted ha de acostumbrarse a la vida y ha de aprender a reír.

martes, 12 de julio de 2011

El lobo estepario. Hermann Hesse

De esta manera me entregué a los recuerdos del viejo cafetín, a mi apego a las viejas y toscas sillas; me entregué al vaho de humo y de vino, al sentido esfumado del hábito, de calor y de semejanza de hogar que tenía para mí todo aquello. El despedirse es hermoso, entona dulcemente. Me gustaba el asiento duro y mi vaso rústico, me gustaba el sabor fresco y las frutas del alsaciano, me gustaba la familiaridad con todo y con todos en este lugar.

jueves, 31 de marzo de 2011

El lobo estepario. Hermann Hesse

¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El juego de los abalorios. Hermann Hesse

Los frutos y productos por razón de los cuales denominamos “folletinesca” a esa edad al parecer fueron engendrados o elaborados por millones como parte integrante y especialmente preferida de la prensa diaria; formaron el alimento principal de los lectores que habían menester de cultura; informaron, o mejor dicho, parlotearon acerca de mil temas científicos, (…).

Los temas que predominaban en aquellos ensayos eran anécdotas de la vida de hombres y mujeres célebres y su correspondencia; títulos había, por ejemplo, parecidos a estos: “Federico Nietzsche y la moda femenina hacia 1870”, o “Los platos predilectos del compositor Rossini”, o “El papel del perrito faldero en la vida de las grandes cortesanas, etcétera” (…).

Otra veces se notaba una singular preferencia por la interpelación de personajes conocidos sobre problemas del momento: en tales interviews se hacía hablar, por ejemplo, a químicos de renombre o virtuosos del piano sobre política; a actores en boga, bailarines, gimnastas, aviadores e incluso poetas sobre las ventajas y desventajas de la soltería, sobre presumibles causas de la crisis financiera y otros asuntos de parecido jaez. Se pretendía tan sólo poner en relación un nombre conocido con algún tema del día. (…).

Asimismo, según parece, se incluían en el folletín ciertos juegos (…) millares y millares de hombres, que generalmente realizaban trabajos pesados y llevaban una existencia difícil, permanecían durante horas enfrascados entre cuadritos y cruces de letras, (…)

Aquellos hombres, con sus adivinanzas infantiles y sus “postizos” culturales, no eran sin embargo niños ingenuos (…): estaban angustiosamente envueltos en fermentos y sismos políticos, económicos y morales, y sostuvieron frecuentes luchas civiles y terribles guerras; sus jueguecillos educativos no fueron simplemente niñerías tontas o amables, sino que respondían a una profunda necesidad de cerrar los ojos y de refugiarse en un mundo ilusorio y anodino en lo posible, eludiendo problemas insolubles y congojosos terrores de ruina. Ponían perseverancia en aprender la conducción de automóviles, o difíciles juegos de naipes, y con ánimo de distraerse se dedicaban a resolver dameros porque estaban enfrentados casi sin defensa a la muerte, a la angustia, al dolor y al hambre, sin que en todos los casos pudieran confortarlos las iglesias o aconsejarlos el espíritu. Esta gente que leía tantos ensayos y oía tantas conferencias no se concedía tiempo para fortalecerse contra el miedo ni ponía empeño en combatir desde dentro de su alma contra la angustia de la muerte: se dejaban vivir temblando y no creían en ningún mañana.

Volver al incio

Por favor deje sus impresiones sobre lo publicado dando “click” sobre la palabra comentarios debajo de este recuadro. Muchas gracias.

miércoles, 1 de octubre de 2008

El juego de los abalorios. Hermann Hesse

–¡Oh si se pudiera llegar a saber! –Exclamó Knecth–. ¡Si hubiera una doctrina, algo en que poder creer! Todas las cosas se contradicen, todo pasa corriendo, en ningún punto hay certeza. Todo puede interpretarse de una manera y también de la manera opuesta. Cabe explicar la historia entera del mundo como desarrollo y progreso, y también considerarla sólo como ruina y sinrazón. ¿Es que no hay una verdad? ¿No hay una doctrina legítima y válida?
El maestro no había oído nunca hablar con tal vehemencia. Siguió andando un espacio más y dijo luego:
–¡La verdad existe, querido! Lo que no existe, empero, es esa ‘doctrina’ que anhelas, la doctrina absoluta, perfecta, única que da la sabiduría. Tampoco debes ansiar una doctrina perfecta, amigo mío, sino la perfección de ti mismo. La divinidad está en ‘ti’, no en los conceptos o en los libros. La verdad se vive, no se enseña. José Knecth, prepárate para luchar…

Volver al incio

Por favor deje sus impresiones sobre lo publicado dando “click” sobre la palabra comentarios debajo de este recuadro. Muchas gracias.

lunes, 25 de agosto de 2008

El lobo estepario. Hermann Hesse

Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que uno de los dos lados. Algunos lo querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y dulzura.