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lunes, 24 de octubre de 2016

El lobo estepario. Hermann Hesse

¿Dónde vive en esta ciudad, dónde vive en este mundo la persona cuya muerte me representara a mí una pérdida? ¿Y dónde la persona a la cual mi muerte pudiera significar algo?

lunes, 5 de octubre de 2015

El Principito. Antoine de Saint-Exupery

El Principito escaló hasta la cima de una alta montaña. Las únicas montañas que él había conocido eran los tres volcanes que le llegaban a la rodilla. El volcán extinguido lo utilizaba como taburete. "Desde una montaña tan alta como ésta, se había dicho, podré ver todo el planeta y a todos los hombres..." Pero no alcanzó a ver más que algunas puntas de rocas.
—¡Buenos días! —exclamó el Principito al acaso.
—¡Buenos días! ¡Buenos días! ¡Buenos días! —respondió el eco.
—¿Quién eres tú? —preguntó el Principito.
—¿Quién eres tú?... ¿Quién eres tú?... ¿Quién eres tú?... —contestó el eco.
—Sed mis amigos, estoy solo —dijo el Principito.
—Estoy solo... estoy solo... estoy solo... —repitió el eco.
"¡Qué planeta más raro! —pensó entonces el Principito—, es seco, puntiagudo y salado. Y los hombres carecen de imaginación; no hacen más que repetir lo que se les dice... En mi tierra tenía una

miércoles, 30 de julio de 2014

El lobo estepario. Hermann Hesse

Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él.
...
En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo que les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy íntimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo, pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia.
...
...en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida.

lunes, 18 de febrero de 2008

Bar del Infierno. Alejandro Dolina

En las afueras del pueblo de I ShÏ, junto al pie de una montaña, se alzan unas estatuas misteriosas.

Los nativos cuentan que, en tiempos remotos, un soldado enamorado debió marchar a una guerra lejana. La novia fue a despedirlo al pie de aquella montaña. Con lágrimas en los ojos vio cómo el guerrero se alejaba hasta perderse sen el atardecer. Sin embargo, ella permaneció en ese lugar durante largas horas, largos días, y largos meses, hasta que finalmente se convirtió en piedra.

En los años siguientes, en ese mismo lugar, otras personas resultaron petrificadas por despedirse demasiado. Hubo también quienes pudieron huir a tiempo, pero con el corazón endurecido para siempre. Hoy, las gentes de I ShÏ, dicen que no debe despedirse a nadie al pie de la montaña. El que lo hace no vuelve a ver jamás al que se va.

Nosotros sabemos más que eso y decimos que todos los pueblos son I Shï. Que nadie vuelve a ver al que se va, que todo regreso es falso, que toda despedida es definitiva.

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lunes, 24 de diciembre de 2007

Cartas literarias a una mujer. Gustavo Adolfo Becker

La soledad es muy hermosa... cuando se tiene junto a alguien a quien decírselo.

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