domingo, 1 de enero de 2012

Ética a Nicómaco. Aristóteles

Dejando de lado los placeres, observamos que personas que consideramos superiores van detrás del honor, pero en realidad esto depende que se dispensen honores. El hombre va entonces tras el honor con el objeto de que se le considere honorable, y entonces procurará verse honrado por los hombres de prudencia y los que se reconocen por su virtud, por lo tanto queda claro que vale más la virtud que el honor.

En la virtud se distingen géneros, algunas serán intelectuales, como la sabiduría, el entendimiento y la prudencia, y otras morales, como la liberalidad y la templanza.

Las virtudes intelectuales vienen de la mano de la enseñanza y las morales de la mano de la costumbre. No vienen ni por naturaleza ni en contra de la naturaleza; más bien pudiésemos decir que estamos adaptados por naturaleza para recibirlas y que se perfeccionan por el hábito.

Las virtudes se adquieren por ejercelas primeramente, como también acontece con las artes. Porque las cosas que tenemos que aprender antes de poder hacerlas, las aprendemos haciéndolas. No es pequeña la dierencia que implica adquirir, desde la niñez, hábitos de uno y otro género, sino que la diferencia es grandísima, mejor dicho, total.

La virtud es un hábito apto para ejercitar acciones deliberadas, que está en el justo medio relativo: es decir, el medio con relación a nosotros. La virtud es el punto medio entre dos estados viciosos: uno en el sentido del execeso y otro en el sentido del defecto.

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