De ahí viene que al hombre le guste tanto el ruido y el trajín […] de ahí viene que los placeres de la soledad sean tan incomprensibles […]
[…] nada entienden los filósofos que encuentran poco razonable que el mundo corra detrás de una liebre que no querría comprar, éstos no entienden nuestra naturaleza. La liebre no nos libraría de la nuestras miserias, pero la caza, mientras dure, lo garantiza.
Y así, cuando se reprocha a los hombres que lo que buscan con tanto ardor no ha de satisfacerlos, ellos deberían contestar que lo que buscan es sólo una ocupación violenta e impetuosa que los aparte de pensar en sí mismos.
Pero los hombre no responden esto, porque no se conocen sí mismos, no saben que es la caza y no la presa lo que buscan. Creen que una vez obtenida ésta, descansarán enseguida en su placer, no conocen la naturaleza insaciable de su codicia.
Creen sinceramente buscar el reposo, y no buscan sino la agitación.
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