El propósito de discernimiento no es sólo teórico. Distinguir de dónde vienen y adónde llevan las motivaciones interiores tiene un fin eminentemente práctico: conservar lo bueno y rechazar lo malo. Sirve para tener la capacidad de decidir libre y responsablemente por el "sí" a lo que es bueno, sin confundirse con su opuesto por ignorancia o por falta de información.
El discernimiento es un método de investigación: no da respuestas a priori, pero permite evaluar concretamente las situaciones, para decidir qué hacer aquí y ahora, qué clase de acciones promover en nuestras realidades cotidianas y cuáles no.
Para actuar “humanamente” deberé, antes que nada, advertir lo que me motiva, para que la conciencia no se adormezca; luego discernir de dónde vienen y adónde llevan estas motivaciones, si al bien o al mal, para que la inteligencia no sea engañada; y finalmente conservar o descartar lo que conduce respectivamente a dicho bien o mal, para que la voluntad no se transforme en esclava del vicio. Si a pesar de todo, aun así, ésta no consigue evitar la esclavitud, al menos quedará disponible el libre albedrío, o sea la capacidad de disentir con aquello que se siente y que arrastra irresistiblemente al mal.
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