lunes, 26 de mayo de 2008

Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar

El hombre más apasionado por la verdad, o al menos por la exactitud, es por lo común el más capaz de darse cuenta [...] de que la verdad no es pura. De ahí que las afirmaciones más directas vayan mezcladas con dudas, repliegues, rodeos, que un alma más convencional no tendría.


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